Para quiénes no estén al tanto de los hechos narrados en este filme, esta es una cinta biográfica sobre Tonya Harding (Margot Robbie). Ella fue una patinadora artística, considerada por muchos como la mejor del mundo en un punto durante su carrera, antes de que ésta terminara estrepitosamente tras los Juegos Olímpicos Invernales de Lillehammer (Noruega). La causa de esto fue el descubrimiento, por parte de la prensa y el FBI, de que la principal rival de Harding en esas Olimpiadas – Nancy Kerrigan – fue lesionada de forma deliberada por un matón contratado por el exmarido de Harding. La pregunta sobre si y cuánto nuestra protagonista conocía del ataque provocó un frenesí mediático que se extendió por meses, y, si bien ambas mujeres terminaron compitiendo en Noruega, Harding fue rápidamente convertida en una paria mediática, lo que culminó con la decisión de la Asociación Estadounidense de Patinaje Artístico de prohibirle patinar profesionalmente de por vida.

Habiendo discutido el trasfondo histórico del filme, pasemos a la crítica. Quizás una de las cosas más curiosas que he notado sobre I, TONYA es que su publicidad es bastante contradictoria respecto al contenido final. Siguiendo los anuncios, uno pensaría que esta cinta es una comedia oscura. No obstante, y sin contar los aspectos cómicamente absurdos de los hechos reales, lo que tenemos aquí es, más bien, un drama bastante triste. Ciertamente, es la historia de un crimen pésimamente planeado que se salió ridículamente de control; pero, en el fondo, termina siendo un relato sobre clases sociales, sexismo, injusticia y abuso, el cual no necesariamente rehabilita la imagen pública de Harding, sino que la enmarca como el resultado de numerosas humillaciones a manos de sus abusadores, tornando su atención a la cultura y el contexto que la convirtió en un chiste, y que concluye diciendo: “todo lo sucedido aquí es culpa de otras personas también…”

La razón de escoger este abordaje más “compasivo” es, quizás, contradecir la memoria cultural del evento que la mayoría tenemos, y la cual está fuertemente definida por un abordaje mediático centrado en delinear lo cómico de la situación que trascendió. Así las cosas, el filme hace una fuerte acusación sobre la superficialidad del enfoque de la prensa, dado que reconoce cómo la abusiva niñez vivida por Harding (quien fue humillada y abusada emocional y físicamente por su madre para instarla a dar su máximo en el deporte) la moldeó, al tiempo que señala cómo el mundo del patinaje era (supuestamente) hostil y tenía prejuicios contra ella incluso antes del incidente, y a pesar de su bien reconocida habilidad atlética.

Verán, el patinaje artístico evalúa el desempeño de sus atletas mediante juicios subjetivos sobre la “presentación”, además de valoraciones sobre la habilidad técnica. Al respecto, el filme argumenta que el trasfondo de clase trabajadora rural de Harding, su falta de refinamiento “clásico”, la naturaleza barata de sus atuendos y peinado, su escogencia musical a la hora de patinar y su estilo agresivo la habían caricaturizado de antemano como “gentuza”, en contra de la preferencia dominante del deporte por patinadoras más “aprincesadas”, entre las cuales Kerrigan era el arquetipo. Así las cosas, el filme, argumenta que este abordaje despreciativo “a priori”, hizo posible ver a Harding como más responsable por el escándalo, que a su ex esposo abusivo… claro está, sin necesariamente exonerar a nuestra protagonista de su rol. En definitiva, ella nos es presentada como una figura trágica que debe luchar contra diferentes sesgos  relativos a su trasfondo de clase y género y probar sus méritos, sólo para ser vapuleada en respuesta. Razón por la cual, periodistas, comediantes y demás personas que se burlaron de su situación se terminan entendiendo como otro tipo de abusadores.

Se trata de una actuación difícil, y habiendo salido sin muchas heridas del desastre que fue SUICIDE SQUAD, Margot Robbie prueba con esta cinta su estatus como una actriz bastante prometedora. Ella acarrea la totalidad del filme, atendiendo giros rápidos de comedia a drama oscuro cada vez que el relato ocupa darle un golpe en la tripa a la audiencia con su cambio de tonalidades. Gracias a ella, Harding termina presentándose como una figura convincente, sin importar lo que se crea es la verdad de los hechos. Los únicos momentos en los que ella no es el centro de la escena es cuando la comparte con Allison Janney, quien interpreta a la detestable madre de Harding, para todos efectos, la villana del filme. Ella es el origen del ciclo de abuso, violencia y miseria que se desparrama a lo largo de la historia; y cada vez que uno piensa que esa señora ha hecho algo imperdonable, ella termina encontrando nuevas formas de agravar la situación en la escena siguiente.

I,_Tonya
Crédito de fotografía: Neon

El filme no carece de problemas. Siento que no se profundiza lo suficiente en el contexto que rodea a los demás personajes, lo cual es decepcionante dado lo caótico de la narrativa. El director Craig Gillespie no maneja bien los cambios de ritmo entre comedia y drama, así como las secuencias de realidad versus fantasía que están el filme. Sin embargo, estas cosas son detalles menores en un filme que no aburre y que, como dije, constituye un buen vehículo para que Robbie demuestre sus cualidades como actriz. Una perspectiva interesante de una historia que muchos creíamos conocer, y bien apuntalada por buenas actuaciones, I, TONYA sale de aquí totalmente recomendada.

7/10 – BUENA

DIRECCIÓN: Craig Gillespie. GUION: Steven Rogers. FOTOGRAFÍA: Nicolas Karakatsanis. ELENCO: Margot Robbie, Sebastian Stan y Allison Janney. DURACIÓN: 121 minutos.